Movimiento Restauración

LA DECADA DECISIVA.

El plan Lousville - La controversia sobre la música instrumental - La Iglesia Cristiana del Centro - La Sociedad Cristiana de Misiones Foráneas.


Los diez años después de la Guerra Civil (1866-1875) fueron una década crucial en la historia del Movimiento de Restauración, particularmente en el Norte. El American Christian Review y el Christian Standard se mantuvieron en constante controversia, y sus conflictos revelaron que dos grupos distintos estaban apareciendo en la iglesia del Norte.


EL PLAN LOUISVILLE.

El primer conflicto entre Benjamin Franklin e Isaac Erret incluyó a la sociedad misionera. Al hacerse obvio, a principio de 1867, que el Review de Franklin estaba ahora en contra de la sociedad y Errett, estos empezaron una vigorosa defensa. Pero a medida que aumentó la oposición, los amigos de la sociedad intentaron obtener el apoyo de la misma por hacer importantes cambios en la constitución de la sociedad. En 1868 se cancelaron las distintas membresías que habían sido compradas con contribuciones dadas a la sociedad.

En 1869 se adoptó el Plan Louisville, que incluía unos cambios radicales en la estructura de la sociedad. Una completa reforma de la organización de la sociedad parecía el único modo de traer la paz a la hermandad, por lo que se nombró un comité de veinte personas para proponer un nuevo plan para el trabajo misionero. Las proposiciones del comité para reorganizar la sociedad misionera fueron adoptadas cuando la sociedad se reunió en Louisville, Kentucky, en octubre de 1869. Así surgió el nombre de “plan Louisville”. El Plan Louisville disolvió la antigua sociedad misionera, y en su lugar se establecieron nuevas juntas misioneras en distritos, estados y a nivel nacional. Se nombró un secretario en cada distrito, y era la responsabilidad de éste visitar las iglesias de su distrito, solicitando fondos para el sostén del trabajo misionero en todos los niveles –local, estatal y mundial. La característica más sobresaliente del Plan Luoisville fue su propuesta para financiar el trabajo en varios grupos administrativos. Los grupos distritales usarían la mitad de los fondos recaudados en el mismo distrito y enviarían la otra mitad a las juntas estatales. Las juntas estatales a la vez, enviarían la mitad de lo que recibieran al grupo nacional. Sin embargo, J.W. McGarvey propuso una enmienda que permitía a cada iglesia especificar alguna otra distribución de fondos si se deseaba. Al final, esta enmienda privó de fondos a la junta nacional, que fue incapaz de llevar a cabo cualquier trabajo misionero.

El Christian Standar, como habría de esperarse, dio un fuerte apoyo editorial al nuevo plan, y suplicó que se le diera una honesta aprobación “sin ser avergonzada por la controversia”. Benjamin Franklin fue el hombre más importante para su éxito por su actitud hacia el nuevo plan, ya que él lo apoyó con mucho entusiasmo.

Franklin escribió que el Plan Louisville no era una sociedad misionera diseñada a la semejanza de “modelos sectarios” sino que era un arreglo simple y sabio de iglesias para hacer el trabajo misionero. La aprobación de Franklin a favor del Plan Luoisville parece algo ingenuo. Comparado con la antigua sociedad misionera, el Plan Louisville era muy similar a una estructura eclesiástica, y sorprende que Franklin no haya visto eso inmediatamente. Quizá él estaba cansado de la controversia y estaba deseoso de asistir a cualquier cosa por amor a la unidad. Cualquiera que haya sido su motivo, Franklin dio su apoyo por dos años al Plan Louisville. En 1871 él observó que las iglesias estaban proporcionando cantidades mínimas destinadas a la junta nacional, lo que no era suficiente para pagar sus gastos de operación. Las iglesias aseguraban que ellas podían invertir sus fondos para misiones de una manera más eficaz que la junta nacional.


LA CONTROVERSIA SOBRE LA MUSICA INSTRUMENTAL.

La época de la “buena voluntad” que pudo haber seguido al Plan Louisville rápido se tambaleó por otras controversias entre los cristianos –una sobre el uso de la música en la adoración, otra el nuevo edificio de la Iglesia Central en Cincinnati.

A principios del Movimiento de Restauración no se usaba la música instrumental, o al menos no se discutía. La primera discusión ocurrió en 1851, cuando un lector preguntó a J.B. Henshall, editor del Ecclesiastical Reformer, si la música instrumental no añadiría solemnidad a la adoración. La respuesta de Henshall fue en contra de la música instrumental, pero posteriormente publicó algunos artículos escritos por otros a favor del instrumento. John Rogers, al mirar estos artículos escribió a Alexander Campbell y le pidió su opinión sobre la música instrumental. La respuesta de Campbell fue breve y cortante. Él afirmó que si las iglesias “no tenía una devoción o espiritualidad real” la música instrumental podía ser “un requisito esencial” para la devoción. También añadió, “para todos los cristianos con mentes espirituales, tales ayudas serían como un cencerro en un concierto”. Después de la contestación de Campbell, no se volvió a discutir el tema por otros diez años.

Hasta lo que se sabe, la primera congregación en introducir la música instrumental en la adoración fue la Iglesia de Midway, Kentucky. El Dr. L.L. Pinkerton (uno de los primeros liberales en la hermandad) era el predicador de Midway, y por el año 1860 empezaron a usar un órgano pequeño. Pinkerton, escribiendo en 1860 afirmó que a lo mejor de su conocimiento, él era el único predicador en Kentucky que había abogado por el uso de la música instrumental en las iglesias, y la congregación de Midway era la única que la había introducido. La razón para el uso del instrumento en Midway se debía a que el canto era muy pobre, el cual de acuerdo a Pinkerton estaba tan mal, que podría “espantar de la adoración, aun a las ratas”. Pero hubo oposición al instrumento en Midway. Uno de los ancianos, Adam Hibler, y un esclavo negro sacaron el instrumento por la ventana del edificio de la iglesia, aunque posteriormente fue regresado.

La primera discusión extensa sobre la música ocurrió entre 1864 y 1865. W.K. Pendleton, editor del Precursor Milenial, admitió, así como Campbell, que la música instrumental no se usó en los primeros siglos de la era cristiana. Pero para Pendleton, éste era un asunto de “simple conveniencia”. Los participantes principales en la discusión de 1864 a 1865 fueron A.S. Hayden y J.W. McGarvey estuvo de acuerdo con Pendleton de que este era un asunto de conveniencia. No así McGarvey. Él escribió: “En los primeros años de la presente Reforma, había una entera unanimidad en el rechazo de la música en la adoración pública. Se declaró antibíblica, sin armonía con la institución cristiana, y una fuente de corrupción”. McGarvey nunca cambió sus conceptos. Por más de dos décadas, McGarvey escribió varios artículos argumentando que era antibíblico usar la música instrumental. Eventualmente McGarvey reconoció que la mayoría de las iglesias en kentucky y el Norte estaban decididas a usar el órgano y prefirió dirigir su pluma al criticismo bíblico y otros temas. Pero McGarvey siempre creyó que el uso del instrumento era antibíblico, y rehusó ser miembro de cualquier congregación que lo usara. El esperaba que la Iglesia Cristiana de Broadway, en Lexington, donde él había servido como predicador y anciano, se abstuviera de usar instrumentos musicales mientras él viviera. Pero en esto él fue “decepcionado dolorosamente”, tal como lo describió en su Autobiografía. Cuando la congregación de Broadway empezó a usar el órgano en 1903, McGarvey se trasladó a otra congregación. Como una ironía, cuando McGarvey murió en 1911, se usó un órgano en su servicio funeral. Se dice que una ancianita cristiana comentó en respecto del uso del órgano en el funeral de McGarvey: “Este es un error muy grande, pues él se opuso a esto toda su vida”.

Moses E. Lard fue otro oponente invencible del instrumento. En 1864 él llamó órgano “una innovación provocadora e impía de la simplicidad y pureza de la adoración antigua”. Lard aconsejó a la hermandad cómo solucionar el problema. Primero, cada predicador debería tomar la decisión de nunca entrar a una iglesia que usara órgano. Segundo, ningún cristiano que cambiara de congregación debería unirse a una que usara órgano. Y tercero, Lard aconsejó que dondequiera que una iglesia introdujera un órgano, aquellos que se opusieran deberían abandonar la iglesia inmediatamente. Por este medio de acción, Lard creía que “las iglesias con órganos se eliminarían con el tiempo, o apostarían completamente; y entre más pronto se eliminaran, mejor para la causa de Cristo”.

En 1868 Benjamin Franklin estimó que había más de 10,000 iglesias en la hermandad, y que no más de cincuenta de las iglesias usaban instrumentos. Sin embargo, a pesar de la oposición de Franklin, McGarvey, Lard y muchos otros, otras congregaciones más empezaron a introducir el instrumento a partir del año 1870. Fue principalmente en las grandes iglesias urbanas donde apareció el órgano primeramente, lo cual era una indicación, quizá, que la influencia social y económica era parte del crecimiento uso de la música instrumental. Ocasionalmente la introducción del órgano resultaba en una situación que habría sido cómica si ésta no hubiera sido una influencia destructiva en la iglesia. En Saint Louis, Missouri, por ejemplo, la iglesia compró un edificio de la Iglesia Episcopal en 1867 que tenía un órgano, pero la iglesia se oponía a su uso. De ahí que un grupo en pro del órgano se retiró disgustado y edificó la iglesia Cristiana Central, la cual no tenía órgano. De esta manera la congregación anti-órgano tenía un instrumento pero no lo usaba, mientras que la iglesia pro-órgano no tenía uno.

El Christian Standard contenía muchos artículos de ambos lados sobre la música, en la última parte de la década de 1860. Pero después en 1870, Isaac reveló sus propios conceptos en una serie de editoriales que le ocasionaron otra amarga controversia con Franklin. Los editoriales de Errett aconsejaban a las iglesias en contra de introducir la música instrumental, pero la base para este consejo era la ley del amor. Erret reconocía que muchos cristianos se oponían de buena conciencia al instrumento y que su uso rompería la unidad de la iglesia, por lo que parafraseó un proverbio: “Es mejor un canto pobre donde hay amor, que los mejores tonos de un órgano donde hay odio”. Por otra parte, Errett argumentó que no había ninguna ley en contra de los instrumentos, y afirmó: “Nosotros no tenemos, en buena conciencia, escrúpulos contra del uso de los instrumentos”. Franklin reconoció que si las actitudes de la hermandad cambiaban, el consejo de Errett de que las Iglesias no usaran instrumentos podría cambiar: “Nosotros no apoyamos esto en base a la opinión, o conciencia. Los actos de adoración están prescritos en la ley de Dios”. Franklin estaba aplicando los principios primitivos del Movimiento de Restauración al argumentar que el Nuevo Testamento prescribía la adoración de la iglesia y que la música instrumental era una innovación no autorizada. Además Franklin consideró al instrumento como síntoma de cambios más profundos que estaban ocurriendo en la Iglesia. Consideró al instrumento como “el acompañante de las iglesias muertas, formales y de moda, en ciudades donde prevalece el orgullo, la aristocracia y el egoísmo; donde el pobre no tiene la simpatía, comodidad o un lugar”.

Es interesante notar que mientras el instrumento fue el foco principal de una amarga controversia en el Norte, David Lipscomb dijo muy poco sobre el particular en el Gospel Advocate. La razón para este silencio fue que las iglesias bajo la influencia de Lipscomb ya habían rechazado el instrumento y éste ya no era un problema en el Sur. No había necesidad de discutirlo. Lipscomb criticó a hombres como McGarvey porque le parecía una inconsistencia obvia que aquél se opusiera enérgicamente al uso del instrumento, mientras que apoyaba a la sociedad misionera. Lipscomb pensó que si McGarvey podía aceptar la sociedad misionera, podía también introducir el instrumento sin ningún problema.


LA IGLESIA CRISTIANA DEL CENTRO.

La Iglesia Cristiana del Centro en Cincinnati, Ohio, inauguró un edificio en febrero 1872, y el nuevo local se convirtió inmediatamente en el foco principal para otra controversia amarga entre los Discípulos del Norte. El edificio era el más grande en Cincinnati, con capacidad para más de 2000 personas. Tenía la vidriera de colores más grande de Norte América. El edificio había costado más de $ 140.000 dólares y tenía un órgano de $ 8,000 dólares. Para Benjamin Franklin ésta era una extravagancia insoportable. En un extenso editorial de su revista Franklin denunció el nuevo edificio como un “templo de disparate y orgullo’, y declaró que a él le daría vergüenza hablar del “antiguo camino” o el “evangelio restaurado” en tal lugar. La Iglesia Central, la primera semana de inauguración, ya había utilizado ministros bautistas, metodistas y congregacionales. Franklin consideró esto como una prueba de que la iglesia ya estaba de acuerdo con el denominacionalismo. Franklin estaba particularmente indignado por la introducción del órgano en esa iglesia.

Sabiéndose que allí había una gran mayoría de hermanos que no podían adorar con órgano, Franklin escribió: ‘Esta es la clase de piedra de molino que ellos colgarían alrededor de nuestros cuellos para hundirnos y avergonzarnos”.

Inevitablemente, la sociedad misionera y el Plan Louisville se había absorvido en la controversia que giró alrededor de la Iglesia Central. La sociedad había realizado muchas de sus reuniones anuales en el antiguo edificio de la iglesia y los líderes influyentes de la sociedad misionera eran miembros de la Iglesia Central. Franklin hizo la observación que cuando los hermanos venían a Cincinnati a visitar el centro del trabajo misionero, se quedaban aterrorizados por los miles de dólares que habían sido “derrochados en un show mundano”. Concluyó que cuando los hermanos miraron lo que había sucedido en Cincinnati, deseaban que esa clase de evangelio no fuese predicado en ningún lugar.

La controversia sobre la Iglesia Central fue más amarga y ruda que cualquier otra cosa que hubiera aparecido anteriormente en el Standard y el Review. Esto era una indicación que la enajenación entre los discípulos conservadores o progresistas se estaba agudizando con cada nueva controversia.


LA SOCIEDAD CRISTIANA DE MISIONES FORANEAS.

En 1875 Isaac Errett y W.T.Moore tomaron el liderazgo en organizar la Sociedad Cristiana de Misiones Foráneas. El Plan Louisville había sido un tétrico fracaso. Mientras que sumas sustanciales de dinero habían sido recaudadas para el trabajo de misiones a nivel distrital, muy poco era enviado a la junta nacional. No hubo suficiente dinero para pagar los gastos generales, y no se había hecho ningún trabajo misionero foráneo. El Plan Louisville tampoco había puesto fin a la controversia. De 1872 en adelante Benjamin Franklin había estado atacando el Plan Louisville, citando su fracaso como una evidencia de que no tenía la aceptación de la hermandad.

La sociedad Cristiana de Misiones Foráneas fue establecida a causa del fracaso del Plan Louisville. Constitucionalmente, la nueva sociedad era un retorno al patrón de la sociedad de 1849 con las cuotas requeridas, las cuales proveían la mayoría de los fondos para el funcionamiento de la sociedad. Isaac Errett fue elegido presidente de la nueva Sociedad y desempeñó ese puesto hasta su muerte en 1888. Económicamente la sociedad de misiones foráneas tuvo más éxito que el Plan Louisville, y en pocos años se establecieron misiones en Dinamarca, Inglaterra, Francia, Turquía, India, Japón y Panamá.

La fundación de la nueva sociedad de misiones foráneas fue una indicación de que los Discípulos progresivos del norte estaban dispuestos a sobreponerse a toda oposición. R.M. Bishop, presidente de la antigua sociedad del Plan Louisville, afirmó en 1873 que no había manera de satisfacer a aquellos quienes se oponían a la sociedad. Bishop creía que los hombres como Franklin ya no tenían influencia en la hermandad como la habían tenido antes, y dijo; “No necesitamos su cooperación”. De manera similar, W.T. Moore declaró bruscamente en 1875 que, puesto que algunos no cooperaban de ninguna manera, “creo que debemos decirles a todos ellos que no podemos confiar más en ellos”. Con esto se estaba diciendo que con el establecimiento de la nueva sociedad, la división entre cristianos del Norte había llegado a ser inevitable. Solamente se necesitaba algo más para completar la división –el tiempo.

B.J. Humble.