Movimiento Restauración

 

EL POSTULADO DE LA RESTAURACION.


Unidad a través de la restauración - El postulado de la retauración en práctica.


La Declaración y Mensaje de Thomas Campbell habían sido descritas por William Warren Sweet como uno de los documentos religiosos más importantes producido en norteamérica. La importancia de estos documentos consiste en la fórmula de sus principios de la restauración. De manera que si nosotros vamos a entender al postulado de la restauración como lo entendieron los pioneros del movimiento, debemos saber algo del contenido de la Declaración y Mensaje un tratado que salió de 56 páginas cuando por primera vez fue impreso 1809.


UNIDAD A TRAVES DE LA RESTAURACION.

Thomas Campbell había estado disgustado por mucho tiempo debido a las divisiones trágicas dentro del cristianismo. Aún en Irlanda él había intentado unir su denominación fragmentada. En norteamérica, su preocupación por la unidad cristiana había jugado un papel importante en los problemas que lo llevaron a renunciar al separatismo. Por tanto, no nos sorprende que uno de los temas a los que recurrió en la Declaración y Mensaje fue el pecado de la división religiosa. Campbell escribió: “La Iglesia de Cristo en la tierra es esencialmente una”. Excepto por la súplica “hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla”; ésta es probablemente la oración más significativa que Campbell haya escrito. La palabra “esencialmente” significa que en su esencia o naturaleza la verdadera Iglesia posee unidad. “Intencionalmente” quiere decir que su unidad es de acuerdo al diseño divino. Y “constitucionalmente” significa que la constitución de la iglesia, el Nuevo Testamento hace posible esa unidad. La afirmación sobre la unidad de la iglesia fue una de las 13 proposiciones en la cual Campbell resumió las ideas principales de la Declaración y Mensaje.

Otra proposición dice:

“La división entre los cristianos es un mal horrendo, lleno de muchos males. Es anticristiano, destruye la unidad visible del Cuerpo de Cristo, como que si él estuviese dividido entre sí, excluyendo y excomulgando una parte de sí mismo. Es anti-bíblico, siendo estrictamente prohibido por su autoridad soberana; una violación directa a su mandato expreso. Es anti-natural, puesto que incita a los cristianos a condenar y oponerse el uno al otro. En una palabra, produce confusión y toda mala obra”.

Es muy fácil denunciar la división como mala, pero no es fácil proponer la manera de lograr la unidad. Para Thomas Campbell el camino hacia la unidad religiosa se encuentra en el retorno al patrón del cristiano del Nuevo Testamento. Influenciado por John Locke, Campbell creía que los principios esenciales del cristianismo estaban tan claramente revelados en el Nuevo Testamento que todos deberían de estar dispuestos a aceptarlos. Si la unidad había de ser lograda, “nada debería ser inculcado sobre los cristianos como artículo de fe o requisito para la comunión, excepto lo que está expresamente ordenado por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y sus apóstoles en la iglesia del Nuevo Testamento; ya sea en términos expresos o precedentes aprobados” quiso decir los ejemplos del Nuevo Testamento. Campbell también creía que el Nuevo Testamento enseñaba por inferencia, pero no aceptaba que las verdades enseñadas por inferencia deberían ser impuestas en las conciencias de otras.

Aquí entonces está uno de los conceptos principales de Thomas Campbell en la fórmula de los postulados de la Restauración –cualquier cosa que no está expresamente autorizada en el Nuevo Testamento por mandamiento o ejemplo no puede ser requisito para la comunión. Así es la manera como Campbell lo expresó: “Nada debe ser recibido en la fe y adoración de la Iglesia o constituirse un requisito para la comunión entre los cristianos que no sea tan antiguo como el Nuevo Testamento”.

Thomas Campbell creía que el Nuevo Testamento era un patrón divino para lo que Dios esperaba que fuera la Iglesia en cada época. El describió el Nuevo Testamento como “una constitución perfecta para la adoración, disciplina y gobierno de la iglesia del Nuevo Testamento y una regla práctica perfecta para sus miembros, de la misma manera que el Antiguo Testamento lo había sido para la comunidad del Antiguo Testamento”. (Incidentalmente, esta distinción entre Antiguo Testamento y Nuevo Testamento era una idea nueva en los días de Campbell. Posteriormente, Alexander Campbell hizo de ésta el tema de su famoso “Sermón Sobre la Ley”). Con frecuencia Campbell usó tales expresiones como “la constitución perfecta”, “el modelo perfecto” y “el estándar original” para describir la autoridad del Nuevo Testamento sobre la iglesia. Los conceptos de unidad y restauración fueron complementos en el pensamiento de Thomas Cambell. Él creía que si todas las denominaciones aceptaban el Nuevo Testamento como constitución divina para la Iglesia, y voluntariamente abandonaban cualquier practica no autorizada expresamente en el Nuevo Testamento, desaparecerían las líneas denominacionales, para lograr así la unidad cristiana. Después de haber llamado al Nuevo Testamento “el modelo perfecto” para la iglesia, Campbell hizo la siguiente súplica:

“Hagamos de la manera en que se nos ha dicho que ellos hicieron; hablar como ellos hablaron; esto es, profesar y practicar como se ha mandado expresamente por precepto o precedentes, en cualquier instancia posible, siendo sus ejemplos aprobados. Y al hacerlo de esa manera, nosotros estaremos realizando y exhibiendo toda la unidad y uniformidad que poseía la iglesia primitiva”.

Así que hay dos ideas básicas en la súplica de Campbell por la restauración; 

(1) El Nuevo Testamento es una institución divina para la iglesia y la iglesia no tiene ningún derecho para observar cualquier cosa que no esté expresamente autorizada en la constitución.

(2) Un retorno a la fe y práctica del Nuevo Testamento eliminará las diferencias entre denominaciones y restaurará la unidad esencial de la Iglesia de Cristo.

La Declaración y Mensaje era una afirmación muy atrevida y visionaria. Era un programa para el futuro. Pero no incluyó aplicar el principio de restauración a los problemas inmediatos como tampoco especificar lo que sería practicado o abandonado en la iglesia restaurada. Por ejemplo, ¿qué se iba a hacer acerca del bautismo?. Históricamente, parece que dondequiera que la restauración de la iglesia primitiva era propuesta, pronto surgía la pregunta sobre el bautismo. Sin embargo, Thomas Campbell ni siquiera mencionó el bautismo en la Declaración y Mensaje. El apenas había abandonado la Iglesia Presbiteriana, y aún asumía sin duda que los miembros de todas las denominaciones eran cristianos. Campbell también creía que todos estos cristianos aceptaban las verdades que eran esenciales para una iglesia unida y restaurada. Pero Thomas Campbell descubrió muy pronto que eso no era tan fácil. Luego vino la pregunta: “Si sólo podemos practicar lo que está autorizado expresamente en el Nuevo Testamento, ¿vamos a continuar rociando infantes?” Cuando preguntas como éstas empezaron a ser hechas, se agudizó el problema de aplicar el postulado de la restauración.


EL POSTULADO DE LA RESTAURACIÓN EN PRÁCTICA.

La tarea de aplicar el concepto de la restauración a los problemas complejos de la vida diaria de la Iglesia habría de convertirse en el trabajo principal de Alexander Campbell. Particularmente durante los años cuando editó el Bautista Cristiano (1823-1830), el joven Campbell se dio a la tarea de comparar todas las prácticas religiosas contemporáneas con el patrón del Nuevo Testamento. Él declaró: “Afirmo que la constitución de la Iglesia y sus leyes se encuentran declaradas explícitamente en el Nuevo Testamento”. Principiando en 1825, Campbell escribió una serie de artículos en el Bautista Cristiano titulados “Una Restauración del Orden Antiguo de las Cosas”. La tarea especial de estos artículos era medir las prácticas del protestantismo de acuerdo al patrón del Nuevo Testamento.

Campbell inició la serie haciendo una distinción entre “reforma y restauración”. Él reconoció que se habían intentado muchas reformas y que los reformadores habían sido grandes bien-hechores de la humanidad. Pero mientras que los sistemas humanos pueden ser reformados, Campbell negó que fuera propio hablar de reformar el cristianismo. El cristianismo fue perfecto en un principio y cualquier intento de reformarlo sería tan insignificante como intentar crear un nuevo sol. Lo que se necesita, insistía Campbell, es “una restauración del antiguo orden de las cosas”. Esto se lograría ajustando la iglesia “de acuerdo al estándar del Nuevo Testamento”. Si esto pudiera ser hecho, el resultado sería la época de oro del cristianismo –el milenio.


B.J. Humble.