Movimiento Restauración

LA PRUEBA DE LA GUERRA CIVIL.

El pacifismo cristiano - Apoyo a la unión - Segunda revolución de lealtad - Amarga división.


El estallido de la Guerra Civil fue una prueba agonizante para determinar si los Estados Unidos podría sobrevivir como nación. También fue una prueba para el Movimiento de Restauración. El conflicto seccional fue una tensión no muy común para la unidad de los cristianos, porque en 1860 había aproximadamente 1200 iglesias en el Norte y 800 en el Sur. Además muchas de estas iglesias estaban concentradas en el Valle de Ohio y en tales estados fronterizos como Kentucky y Missouri, áreas donde la lealtad estaba tan dividida que con frecuencia un cristiano estaba en contra de otro cristiano, hermano contra hermano, padre contra hijo.

La tensión sentida en un sin número de congregaciones de los estados fronterizos es ilustrada en una carta que Thomas Munnell de Mount Sterling, Kentucky, escribió a David Oliphan en 1862. De acuerdo a Munnell, en muchas iglesias de Kentucky los simpatizantes de la Unión y la Confederación trataban de reunirse para la adoración conjunta, cantar los mismos cantos, comer y beber el mismo pan y vino, y decían “amén” a las mismas oraciones. La atmósfera era tan tensa que si los predicadores hubieran apoyado cualquier lado desde el púlpito, ellos habrían destruido la mitad de las iglesias de Kentucky en un mes. Munnell escribió: “Esperamos no dividir las iglesias en Norte y Sur como otros grandes grupos religiosos han hecho”. Y él imploró: “El hermano no debe de ir a la guerra contra su hermano”.


EL PACIFISMO CRISTIANO.

Con frecuencia se oía entre los cristianos la súplica que “el hermano no debe de ir a la guerra contra su hermano”, y esta fue una fortaleza espiritual que ayudó a compensar sus impedimentos geográficos. Con excepción de Walter Scott, todos los primeros líderes de la restauración habían sido pacifistas. Cuando empezó la Guerra Civil una mayoría de predicadores y editores, Alexander Campbell, Benjamin Franklin, J.W. McGarvey, Moisés E. Lard, Roberto Milligan, Tolbert Fanning, David Lipscomb, y una multitud más aconsejaron la no participación. J.W. McGarvey declaró que caer en la batalla, o regresar a casa victorioso con la sangre de mis hermanos en mis manos”. McGarvey preguntó a sus hermanos que hubieran hecho los apóstoles si durante la Guerra Civil seis hubieran vivido en el Norte y seis en el Sur. Habían recomendado a los cristianos alistarse. McGarvey se describió a sí mismo como “estando entre sus hermanos y el campo de batalla, con el Nuevo Testamento en la mano, amonestándoles a mantener la paz, mientras esperan el cielo”. Robert Milligan fue otro pacifista. Llegó a ser presidente del Transylvania College, en Kentucky en 1859, y logró mantener la escuela funcionando durante la guerra –el único colegio en Kentucky que hizo esto.

Poco después que la guerra empezó, J.W. McGarvey y otros 13 prominentes predicadores de Missouri firmaron una súplica exhortando a los cristianos a no participar en la guerra. Esta súplica fue publicada en muchos boletines de la hermandad. Los predicadores advertían que cualquiera que se involucrara en la “contienda fratricida” sería desagradable a Dios, e insistían que la iglesia debería permanecer como un cuerpo unido. De igual manera, los ancianos y evangelistas de varias iglesias de Tennesse se reunieron en Beech Grove, Tennesse, en 1862 y redactaron una carta a Jefferson Davis, presidente de la Confederación, solicitando que los cristianos fuesen exentos del servicio militar. Como resultado, el gobierno de la Confederación otorgó una objeción de estado de conciencia a los cristianos y después que la guerra había pasado David Lipscomb decía que los cristianos de Tennessee habían sido como un alma en rehusar al servicio militar. 

Por otra parte, hubo miles de cristianos en ambos lados de la línea Mason-Dixon que se alistaron en el ejército. El hijo de Alexander Campbell usó el uniforme gris de la Confederación, al igual que Barton W. Stone, hijo. Además hubo algunos predicadores que apoyaron los avances de guerra en cada lado. James A. Garfield llegó a ser coronel en el Ejército de la Unión. Este presentó discursos de reclutamiento en los escaños de las iglesias, y persuadió a muchos de sus ex estudiantes del Hiram College a unirse a su regimiento. Garfield peleó de Schiloh a Chickamauga, fue elegido para el Congreso y finalmente llegó a ser presidente de los Estados Unidos. Y en el Sur, T.B. Larimore, B.F. Hall, Addison y Randolf Clark, Austin McGary y el general R.M. Gano usaron el uniforme gris de la Confederación.

Hubo dos hombres –Benjamin Franklin y Tolbert Fanning- quienes ilustraron la tentación que muchos cristianos sintieron entre las demandas de Dios y César. Cada uno de estos fue el predicador más popular de la hermandad en su sección a través de los años siguientes a 1860: Franklin en el Norte y Fanning en el Sur. Cada uno fue pacifista; pero cuando vino la Guerra Civil, cada uno de estos hombres sintió una fuerte lealtad seccional. Cuando Franklin fue criticado por no permitir discutir temas políticos en su influyente boletín, American Christian Review, protestó diciendo que no tenía ni una chispa de sentimiento desleal hacia la Unión sino que “la amaba casi como al gobierno de Dios”. Tolbert Fanning, por otra parte, creía fuertemente en el derecho de la causa del Sur. Pensaba que la guerra había sido culpa de “predicadores infieles”. Nombró hombres como Theodore Parker, Ralph Waldo Emerson y Henry Ward Beecher –quienes ”pisotearon la palabra de Dios y la constitución”. ¿Fue justificado el Sur en resistir la Unión? Fanning respondió: “Si las gentes fueran alguna vez justificadas por resistir los abusos, en buena conciencia creemos que los ciudadanos vez justificadas por resistir los abusos, en buena conciencia creemos que los ciudadanos de los Estados de la Confederación lo están”. Pero se precipitó a añadir: “Hemos hablado todo esto como ciudadanos del mundo, y no como miembros de la familia de Dios”.

A pesar de las fuertes lealtades secciónales, tanto Franklin como Fanning creían que el cristiano tenía una obligación suprema, y ésta demandaba que el tal permaneciera distanciado de la Guerra Civil. Franklin escribió: “Nosotros no tomaremos las armas, o pelearemos contra los hermanos con quienes hemos laborado por veinte años para traerlos al reino de Dios”.

De manera similar, Fanning aconsejó a los cristianos evitar el servicio militar. Él escribió en julio de 1861: “Ambos lados imploran la sanción del cielo, y con mucha diligencia piden la ayuda de Dios. Ambos no pueden estar en lo cierto. Y añadió: “Puede ser que Dios intenta probar a Su pueblo, y la guerra puede ser la ocasión para la prueba”. Cuatro años después un hombre del Norte también notó con tristeza que el Norte y el Sur oraban al mismo Dios y leían la misma Biblia. Él, como Fanning, consideró la guerra como el juicio de Dios en el Norte y Sur, pero dijo con humildad: “Los juicios del Señor son verdaderos y justos a la vez”. Este hombre fue Abraham Lincoln.


APOYO A LA UNION.

La primera reunión de la Sociedad Misionera Cristiana Americana durante la guerra se realizó en octubre de 1861 en la ciudad de Cincinnati. No hubo representación del Sur. La pregunta crucial que confrontó la convención fue si la sociedad debería restringirse a los asuntos misioneros o debería de tomar una posición favoreciendo al Norte en la Guerra Civil. El tema fue abordado por el Dr. John P. Robison de Bedford, Ohio, quien presentó una resolución con un llamamiento a “los hermanos en todas partes a hacer todo lo que estuviera de su parte para apoyar a las autoridades constitucionales de la Unión’. James A. Garfield, quien asistió a la convención usando el uniforme como oficial de la Unión, presentó un pequeño discurso a favor de la resolución y ésta fue adoptada con solamente un voto en contra. Aunque la Sociedad Misionera tuvo que aplazarse por un “lapso” de diez minutos antes de que se tomara el voto, de manera técnica la proposición fue aceptada por una “reunión en masa” de los presentes y no por la sociedad misionera en una sesión formal.

Cuando los cristianos del Sur recibieron las noticias de la resolución tomada por la Sociedad Misionera, Tolbert Fanning, quien había estado exhortando a los hermanos del Sur a permanecer alejados de las hostilidades, se dolió grandemente y se enojó. Antes de que el Gospel Advocate fuese forzado a suspender su publicación durante el período de la guerra, Fanning informó a los lectores que la sociedad misionera había adoptado resoluciones que aprobaban “el asesinato, completo” de la gente del Sur. Como Fanning lo consideró, la Sociedad Misionera estaba fomentando que “miles de siervos del Príncipe de Paz” se alistaran en el ejército de la Unión.

La reacción de Fanning fue brusca, de enojo, tristeza y turbación. Si él pudiera volver a mirar a los predicadores que habían apoyado la resolución pro Unión, Fanning preguntaría: “¿Podríamos fraternizar con ellos como hermanos?” Él miró claramente su propia posición. Fanning no concebía cómo podría “considerar a los predicadores que endorsaban opiniones políticas por medio de las armas, excepto como monstruos en intención, si no en todo respecto”, a menos que hubiera un arrepentimiento de su parte. Decía: “¿Cómo pueden los cristianos del Sur hacer lo mismo?” Este era un lenguaje fuerte, en verdad, de uno que se había dirigido a la convención de la Sociedad Misionera solamente dos años antes y había dicho “somos uno”.


SEGUNDA REVOLUCION DE LEALTAD.

Dos años después, en 1863, la Sociedad Misionera adoptó una resolución más fuerte como apoyo al Norte. Una razón para la nueva resolución fue la presión creciente en la sociedad de un grupo militante pequeño de abolicionistas entre la hermandad. A partir de 1850 los abolicionistas Pardee Butler, Ovid Butler, John Boggs y otros exigían que se denunciara la esclavitud como pecado y que se privara de la comunión a los propietarios de esclavos en el Sur. Estas exigencias mantuvieron a la hermandad perturbada. Aun Alexander Campbell fue criticado. Campbell desde tiempo atrás se había opuesto a la esclavitud, pero él vio en la abolición un peligro más grave para la unidad de la iglesia. Los abolicionistas consideraron a Campbell “muy suave” sobre el asunto de la esclavitud y fundaron un colegio rival en Indianapolis, la Northwestern Christian University, posteriormente llamada Butler.

En 1854 se fundó el Northwestern Christian Magazine, editado por John Boggs como paladín de la causa abolicionista. La sociedad Misionera Cristiana Americana fue rechazada por estar “implicada en el pecado de la esclavitud”. La base de esta acusación se debió a que el Dr. James Barclay había sido un apoderado de esclavos antes de llegar a ser el primer misionero de la sociedad. La hostilidad de los abolicionistas para con la sociedad misionera se intensificó tanto que en 1858 realizaron una convención de Indianapolis y organizaron como rival una Sociedad Misionera Cristiana. En organización, ésta era casi idéntica a la sociedad de Cincinnati, pero sus requisitos de membresía incluían la “no complicidad en el crimen de la esclavitud americana”. Así, aún antes del estallido de la Guerra Civil, la hermandad en el Norte se había dividido en dos organizaciones misioneras rivales compitiendo por el apoyo. No se había disuelto aún la sociedad abolicionista cuando empezó la guerra. John Boggs advirtió a la Sociedad Misionera Cristiana Americana que al menos que “ésta diera testimonio en contra de la esclavitud como la causa de la rebelión presente”, la hermandad permanecería dividida.

Acosada por la crítica extremista de abolición, la Sociedad Misionera Cristiana Americana también confrontó feos rumores que circulaban en el Norte acusando a la sociedad de lealtad a la Unión. De manera que cuando la sociedad se reunió en 1863, ésta adoptó una nueva resolución de lealtad rechazando estos rumores como “falsos y difamatorios” y declaró su apoyo absoluto al Norte.

La acción de la sociedad alineó a muchos de sus antiguos seguidores. J.W. McGarvey escribió que la sociedad había destruido su utilidad y debería “dejar de existir”. Moses E. Lard llamó la resolución una acción vergonzosa y advirtió que si la sociedad en alguna ocasión adoptara otra resolución política, “ésta moriría”. Benjamin Franklin, editor del influyente American Christian Review creía que la sociedad, al adoptar la resolución, había abandonado “su trabajo legítimo”. Y después de que la guerra terminó, Franklin se convirtió en el oponente más vigoroso de la sociedad del Norte.


AMARGA DIVISION.

El efecto divisionista de la resolución pro unión de la sociedad misionera se hizo evidente después que la guerra había terminado. A principios de 1866 Tolbert Fanning propuso entre los cristianos del Sur una “reunión general de consulta”. Los cristianos del Sur, como todos los sureños, habían sufrido grandes desgracias durante la guerra. La comunicación había sido destruida, los boletines religiosos habían sido forzados a suspender su publicación, y los predicadores no habían podido viajar para visitar las iglesias. Fanning creyó conveniente aconsejar a todos los cristianos del Sur y evaluar la condición de la iglesia; y propuso la reunión general para este propósito. La reunión se efectuó en Murfreesboro, Tennessee, en junio de 1866, en la cual seis estados del Sur estuvieron representados.

Cuando Benjamin Franklin leyó acerca de la reunión propuesta, él objetó que los cristianos del Norte habían excluidos y comentó: “No hay Sur o Norte en nuestro Evangelio”. La respuesta de Fanning ilustra el estado de ánimo de la iglesia en el Sur. Le dijo a Franklin que dudaba “de la conveniencia de una precipitada reconstrucción religiosa con los hermanos del Norte”, puesto que ellos habían apoyado a los malos del Norte en contra sus hermanos del Sur. Fanning añadió: “Me parece que hombres inmiscuidos en tal servicio no pueden estar bien preparados para involucrarse en una genuina cooperación espiritual”.

Cuando el Gospel Advocate reinició su publicación en 1866, David Lipscomb no perdió tiempo en escribir sobre las resoluciones de la sociedad misionera durante la guerra, con un lenguaje más fuerte que el de Fanning. Lipscomb recordó que él había esperado que la sociedad de Cincinnati apoyara a aquellos que estaban instando a los cristianos a no alistarse en el ejército. Sin embargo, él escribió: “encontramos solamente un espíritu vengativo y homicida gobernando su consejo, y apoyando el trabajo cristiano (¿) de los cristianos del Norte a robar y matar a los cristianos del Sur. Lipscomb hizo la acusación de que la sociedad había sido un servicio muy valioso para el Norte “al inducir a los seguidores del Príncipe de Paz a convertirse en hombres de guerra y sangre”. Lipscomb recordó que cuando empezó la guerra nada había sido más efectivo en restringir a los cristianos del Sur de alistarse que los artículos de Franklin en el American Christian Review, porque éstos indicaban que los cristianos del Norte estaban tratando de mantenerse alejados del servicio militar y el derramamiento de sangre. Pero la resolución de la sociedad misionera en 1861 estimuló a los hermanos a alistarse en el ejército de la Unión. Lipscomb sabía que la resolución de la sociedad había causado que los hermanos del Sur se alistaran y que algunos no habían regresado. Lipscomb concluyó: “Fue nuestro sentir, y aún sentimos, que la Sociedad cometió un gran mal en contra de la Iglesia y la causa de Dios. Hemos sentido y aún sentimos, que sin evidencias de arrepentimiento de lo malo, no recibirán la confianza de la hermandad cristiana”.

Los propios archivos de la sociedad misionera también ofrecen evidencias del impacto divisionista de la guerra. Cuando el cuerpo administrativo de la sociedad presentó su reporte anual en 1879 ellos admitieron que la sociedad estaba combatiendo una “batalla temerosa” en contra de sus oponentes. Y la primera fuente de esta oposición que citaron fue “las alienaciones producidas por la guerra pasada”.

La Guerra Civil había roto el sentido de hermandad entre los cristianos del Norte y Sur al grado que ellos nunca podrían ser llamados “uno” otra vez en un sentido significativo. Esto no quiere decir que la Guerra Civil fue la única responsable para la división definitiva. Aún antes de la guerra los del Sur habían aceptado un concepto más estricto del principio de restauración, y esto los había conducido a oponerse a la sociedad misionera. Por otra parte el entendimiento más estrecho de los del Sur sobre el principio de restauración no resultó en la división sino hasta que la amargura de la Guerra Civil había destruido la buena voluntad de la cual las diferencias doctrinales entre el Norte y Sur podían haber sido discutidas y quizá resueltas. Sucedió que dos fuentes de alineación, la amargura y diferencias de entender el principio de restauración se habían mezclado y habían roto la unidad de los cristianos. Tolbert Fanning nunca diría otra vez, como había dicho en la sociedad misionera en 1959: “Nosotros somos uno”.


B.J. Humble.