Temas Biblícos

UN REINO ENTRE REINOS.


INTRODUCCION.

Daniel 2:44
Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre,

Colosenses 1:13
el cual [Dios Padre] nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de Su amado Hijo,

¿Realmente cree usted que le gustaría saber lo que va a suceder mañana?  Es probable que no. Nuestros hombros no son lo suficientemente anchos como para cargar con los deberes del día de hoy y, a la vez, sobrellevar las ansiedades del futuro. Cristo y el sentido común nos enseñan que <<basta a cada día su propio mal>>

Mateo 6:34
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Tal vez esta sea la razón por la que Dios le haya develado la cortina del tiempo a tan sólo unas pocas personas, y les haya permitido a éstas vislumbrar eventos futuros. Cuando Dios actuó así, lo hizo a través del poder milagroso del Espíritu Santo, y para Sus propósitos divinos; no para satisfacer la ociosa curiosidad del hombre, ni para provecho personal de alguno, ni por vano sensacionalismo.

Uno de los momentos históricos, en los que Dios eligió revelarle el futuro a uno de Sus siervos, se registra en Daniel 2. Este capítulo podría titularse <<Un anuncio de la venida del reino eterno>>.

Daniel 2
En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu, y se le fue el sueño. Hizo llamar el rey a magos, astrólogos, encantadores y caldeos, para que le explicasen sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron delante del rey. Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por saber el sueño.  Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vive; di el sueño a tus siervos, y te mostraremos la interpretación. Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo olvidé; si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en muladares. Y si me mostrareis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y favores y gran honra. Decidme, pues, el sueño y su interpretación. Respondieron por segunda vez, y dijeron: Diga el rey el sueño a sus siervos, y le mostraremos la interpretación.  El rey respondió y dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que el asunto se me ha ido.  Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia hay para vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que pasa el tiempo. Decidme, pues, el sueño, para que yo sepa que me podéis dar su interpretación. Los caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey; además de esto, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa semejante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo.  Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne.  Por esto el rey con ira y con gran enojo mandó que matasen a todos los sabios de Babilonia. Y se publicó el edicto de que los sabios fueran llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos. Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿Cuál es la causa de que este edicto se publique de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a Daniel lo que había.  Y Daniel entró y pidió al rey que le diese tiempo, y que él mostraría la interpretación al rey.  Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia.  Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo. Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz.  A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos; pues nos has dado a conocer el asunto del rey. Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey había puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No mates a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, y yo le mostraré la interpretación. Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado un varón de los deportados de Judá, el cual dará al rey la interpretación. Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpretación? Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama: Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón. Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.  Este es el sueño; también la interpretación de él diremos en presencia del rey. Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro. Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo. Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro. Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación. Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso.  El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio. Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey.

Nabucodonosor, el gran rey de Babilonia, había tenido un sueño que lo perturbaba enormemente. Al percatarse de que su sueño debía ser excepcionalmente importante, llamó a los sabios de su corte y les pidió que lo interpretaran. Con el fin de probar la precisión de la interpretación que ellos podían darle, el rey insistió en que primero le dijeran el sueño que había tenido, y luego le dieran la interpretación. Ellos respondieron: <<Oh rey, nosotros con gusto le diremos la interpretación del sueño; pero usted debe primero decirnos el sueño>>. Inflexible, el rey les dijo: <<No. Ustedes deben decirme el sueño, y después darme su interpretación. Si ustedes no pueden decirme el sueño y su significado, se les sentenciará a muerte; pero si ustedes me pueden decir el sueño y su interpretación, recibirán dones y favores y gran honra>>.  La exigencia del rey puso a los sabios en aprietos. Sólo tenían dos opciones: revelar el sueño e interpretarlo; o reconocer que eran incapaces de hacer tal cosa. Su magia y hechicerías paganas les fallaron cuando más las necesitaban. Los sabios confesaron delante del rey, abochornados y humillados, atragantándose con sus propias palabras: <<No podemos hacerlo. Nos ha pedido que hagamos algo imposible para nosotros>>. Furioso por la respuesta de ellos, Nabucodonosor decretó un edicto en el sentido de que todos los sabios de Babilonia fueran ejecutados.

La guardia del rey, capitaneada por Arioc, fue por todo Babilonia para cumplir el edicto de muerte. Buscaron a Daniel, un hebreo que había sido deportado de Jerusalén a Babilonia, en el 606 a.C.; un hombre que adoraba y reverenciaba al Dios Altísimo, y un consejero que era considerado como uno de los sabios de mayor confianza de Nabucodonosor. Cuando Daniel se enteró de la razón por la que se iban a llevar a cabo las ejecuciones, pidió que lo llevaran ante el rey para revelarle el sueño y su interpretación por el poder de Jehová, el verdadero Dios.  A Daniel se le concedió un breve tiempo para pedirle a Dios, en oración, que le revelara el sueño, y le diera sabiduría para descubrir su significado. De inmediato buscó a sus amigos: Ananías, Misael y Azarías, mejor conocidos como Sadrac, Mesac y Abed-nego, para que se le unieran en oración a Dios pidiéndole que revelara el sueño y su significado. Dios les contestó las oraciones; durante la noche se le dio a Daniel la interpretación del misterioso sueño. Acciones de gracias y alabanzas le fueron elevadas a Dios, y después Daniel le pidió a Arioc que lo llevara a la presencia de Nabucodonosor.  Antes de desenmarañar el misterio, Daniel le aseguró al rey que la capacidad para relatar el sueño y dar su significado, había provenido del Dios de los cielos.

¿Qué clase de sueño fue el que perturbó y dejó perplejo al rey?  Daniel dijo que el sueño del rey estaba relacionado con los <<días postreros>> (Daniel 2:28). Era un sueño que predecía el futuro.  Daniel le dijo a Nabucodonosor, que en su sueño él había visto una gran estatua, de gloria muy sublime, de una apariencia impresionante. La cabeza de la estatua era de oro, su pecho y sus brazos eran de plata, su vientre y sus muslos eran de bronce, sus piernas eran de hierro mezclado con barro cocido.  Daniel añadió que el rey se había soñado con una piedra no cortada con mano, que caía de la montaña.  La piedra rodó hasta estrellarse contra los pies de hierro y barro cocido, desmenuzando la estatua de modo tan completo que el oro, la plata, el bronce, el hierro y el barro cocido, fueron como tamo de las eras del verano. Los restos de la estatua fueron llevados por el viento, sin que se quedara rastro alguno de ella. La piedra, no obstante, creció hasta convertirse en un gran monte que llenó toda la tierra.

¿Cuál era el significado de este sueño? Daniel dijo que la cabeza era el rey Nabucodonosor (Daniel 2:38). Dijo además que después de Babilonia, otros tres grandes reinos se levantarían: Uno estaba representado por la plata, otro por el bronce, y otro por el hierro mezclado con barro cocido.

Daniel explicó que en los días de los reyes de la gran imagen, el Dios de los cielos establecería un reino que jamás sería destruido. Este se elevaría por encima de todos los demás reinos, y permanecería para siempre (Daniel 2:44). El sueño de Nabucodonosor no constituye una sinopsis de la historia de la humanidad desde los tiempos de Daniel hasta el final de los tiempos; pero sí, una sinopsis de la historia desde los tiempos de Daniel, hasta el tiempo cuando Dios establecería Su reino, el reino eterno que descollaría por encima de todos los reinos del mundo.

Este sueño que Nabucodonosor tuvo, y que Daniel interpretó, es una de las grandes profecías del Antiguo Testamento acerca del reino eterno de Dios que estaba en camino. Se encuentran en él hitos relacionados con el reino de los cielos. Todo estudio de la iglesia debe incluir un minucioso estudio de este sueño. Este revela no solamente aspectos de la naturaleza del reino de Dios, sino que también sugiere el momento en que Su reino se establecería.


I. SU ORIGEN SERIA DIVINO.

La profecía proclama el origen divino del reino de Dios. Daniel dijo: <<Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantaría un reino>> (Daniel 2: 44; énfasis nuestro). El reino habría de provenir del cielo, y sería establecido por Dios mismo.

La piedra <<cortada, no con mano>>, que cayó del monte (Daniel 2:34), significaba que el reino iba a ser establecido por la mano divina, y no por la mano humana. Iba a ser un reino celestial, no un reino terrenal. No iba a ser producido por la predicación ni por los planes ni por las percepciones del hombre; sino que iba a ser establecido a través de un evento milagroso que ocurriría a su tiempo, en algún momento del futuro.

Esta verdad acerca de la venida del reino, da a entender que tendría fortaleza interna.  Estaría caracterizado por el poder de Dios.

Su santo origen también insinúa que tendría una estructura confiable.  Los grandes reinos del mundo han sido formados por el genio y la inteligencia falibles de seres humanos; pero el reino de Cristo sería creado por la actividad sobrenatural de Dios, y poseería cualidades imperecederas.

Del mismo modo, la naturaleza divina del reino garantizaría su permanente triunfo. Jamás se le ve a Dios volviendo a hacer Sus creaciones porque Su primer intento fallara.

La mano con la que El trabaja,
jamás falla;

La lengua con la que El habla,
jamás se equivoca;

La tinta con la que El escribe,
jamás se corre.

Todo lo que diga,
no podrá ser dicho de mejor manera;

Todo lo que haga,
no podrá ser mejor hecho.

El reino que Daniel anunciaba sería enviado de lo alto.  Daría comienzo por un decreto divino y reflejaría la sabiduría y eternidad de su Creador.


II. SU ESTABLECIMIENTO ESTARIA RODEADO DE PROFECIA.

La profecía también indica el momento escogido por Dios cuando el reino se establecería. Daniel dijo: <<Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido>> (Daniel 2:44; énfasis nuestro).  Concretamente, Dios establecería Su reino durante los días de los reyes representados por la estatua, y, por inferencia, para ser aún más precisos, durante los días del cuarto reino.

En el sueño de Nabucodonosor fueron descritos cuatro reinos mundiales. El reino de Nabucodonosor fue el primero (Daniel 2:37), otro debía venir después de éste (Daniel 2:39), un tercer reino debía seguir al segundo, y luego un cuarto reino había de venir (Daniel 2: 40-43).

La historia secular confirma que fueron tres grandes reinos los que sucedieron al imperio de Babilonia. Estos fueron los imperios medo-persa, griego y romano. El segundo y tercer reinos, el medo-persa y el griego, son llamados por nombre en la visión de Daniel que se registra en 8: 20-21.

Daniel 8: 20-21
En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero.

Daniel no mencionó el cuarto reino; pero describió su carácter cuando dijo que sería una mezcla de hierro y barro cocido, de fortaleza y debilidad. Los pies y los dedos de los pies eran de hierro y barro cocido; pero estos materiales no representaban diferentes reinos; más bien, la mezcla simbolizaba la división y la ausencia de solidaridad del imperio. El reino no tendría unidad interna ni cohesión. Indiscutiblemente, se trataba del reino romano; pues éste fue el que sucedió al reino griego como el siguiente imperio mundial, y fue una especie de reino mezclado. Comenzó golpeando tan fuerte como lo hace el hierro; en sus inicios pisoteó y aplastó sin piedad a las demás naciones, sin embargo, con el tiempo, llegó a tener cierta falta de unidad interna, la cual se manifestó mediante rebeliones y sublevaciones entre los países conquistados.

La pequeña piedra que fue cortada de un monte sin que mediara la mano humana, cayó sobre la estatua y se estrelló contra sus pies.  Puesto que los pies de la estatua formaban parte del cuarto reino, lo lógico es que el reino eterno llegara a existir durante el cuarto reino. El ministerio de Cristo y el establecimiento de la iglesia tuvieron lugar durante los tiempos en que el imperio romano gobernaba el mundo. El imperio romano fue destruido en el 476 d.C. - después, no antes, del ministerio de Cristo y el establecimiento de la Iglesia. La profecía de Daniel, por lo tanto, fue precisa en cuanto al tiempo cuando Dios establecería Su reino: Lo establecería durante los días del imperio romano; y aún cuando el imperio romano caería y pasaría, el reino de Dios continuaría para siempre.

Yo vivo en Searcy, Arkansas. Al igual que la mayoría de las ciudades de su tamaño (con una población de 18,000 habitantes), ésta tiene sub-divisiones. Cuando yo le digo a alguien que vivimos en la subdivisión de Cloverdale, esa persona puede, al menos, precisar en su mente dónde vivo yo. Tal persona conoce la zona en particular de Searcy en la que se localiza mi casa.

Daniel no nos dio el año en que el reino de Dios habría de ser establecido, pero sí nos dio un período de tiempo - <<durante los días de estos reyes>>. Estra frase lo restringe en gran manera.  Conocemos el paréntesis de tiempo en el cual podemos ubicar el establecimiento del reino de Dios.


III. SU CRECIMIENTO SE MANIFESTARIA A NIVEL MUNDIAL.

La profecía de Daniel da cierta idea del asombroso crecimiento del reino de Dios.  Daniel dijo: <<Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra>> (Daniel 2:35; énfasis nuestro).

El reino habría de tener un pequeño comienzo, pero crecería rápidamente hasta convertirse en un reino universal. La pequeña piedra que fue cortada de un monte, sin que mediara mano humana, aumentaría en tamaño hasta convertirse en un gran monte que abarcaría toda la tierra.

En una de Sus parábolas, Jesús comparó el crecimiento del reino de los cielos con el crecimiento de un grano de mostaza.

Mateo 13:32
el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

El reino de Dios no fue profetizado por Daniel, ni predicado por Jesús, como un reino que irrumpiría en la escena mundial cobrando de inmediato un colosal estatus a nivel mundial. Más bien, Daniel y Jesús anunciaron que, con el tiempo, este reino crecería hasta llegar a convertirse en una increíble influencia. Comenzaría siendo pequeño, y crecería para ser cada vez más grande, y llegar a tener dimensiones globales. El reino de Dios no daría inicio siendo grande, para luego fracasar, sino que emergería siendo pequeño y así poder expandirse hacia arriba y hacia los lados, a toda la tierra.

Sam Walton inició su multimillonario negocio de tiendas Wal-Mart, con una pequeña tienda de baratillo en Bentonville, Arkansas.  Le fue necesario pedir dinero prestado para abrir su primera tienda.  Fue un pequeño comienzo, pero su negocio no continuó siendo pequeño.  Ahora esta compañía está constituida por un personal que oscila entre los cuatrocientos mil y los quinientos mil trabajadores. Antes de morir, Sam Walton había llegado a ser uno de los hombres más ricos del mundo. No obstante, el extraordinario crecimiento de su imperio de negocios, no lograría alcanzar siquiera el tamaño de una diminuta fracción de un uno por ciento de la expansión del reino de Dios.

Apocalipsis 7
Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. De la tribu de Judá, doce mil sellados.  De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados. De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados.  De la tribu de Isacar, doce mil sellados. De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados. Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.

Según Daniel, el reino de Dios crecería, a partir de una pequeña piedra, hasta convertirse en una montaña; pasaría de ser un evento hasta llegar a ser un poderoso movimiento.


IV. SU NATURALEZA SERIA ETERNA.

La profecía de Daniel enfatiza la fortaleza divina y la naturaleza eterna del reino que estaba por venir. Dijo: <<[...] ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre>> (Daniel 2:44).  El reino tendría poder de permanencia, sobreviviría a todos los demás reinos.

Daniel dijo que la pequeña piedra cortada con mano espiritual, golpearía a la estatua en sus pies.  La estatua fue demolida; su oro, su plata, su bronce, su hierro y su barro cocido se desmenuzaron, y llegaron a ser como la paja del trigo, y se los llevó el viento.

La escena se asemeja a la trilla del trigo en el Cercano Oriente de la antiguedad. Después de haber sido trillado, el grano se lanzaba al aire para que la brisa de la tarde se llevara la paja inútil. En comparación con el reino de Dios, los cuatro reinos que se vieron en el sueño, serían tan carentes de valor, como la cascarilla que envuelve al grano.

El reino de Dios es más poderoso que todos los demás reinos de los hombres - pasados, presentes o futuros -. Jamás será conquistado por reino humano alguno, ni por el poder combinado de todos los reinos del mundo; jamás será <<dejado a otro pueblo>>, según se relata en Daniel 2:44.

Daniel dijo: <<El Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre>> (Daniel 2:44).  Tres expresiones que Daniel usa para referirse al reino, insinúan su naturaleza eterna: <<[...] no será jamás destruido>>; <<[...] ni será [...] dejado a otro pueblo>>, y <<[...] permanecerá para siempre>>.  Una vez establecido, este reino había de vivir para siempre.

Desde lo profundo de todos nosotros, nos preguntamos: <<¿Qué nos irá a traer el mañana?>>; <<¿Cómo irá a ser el mundo del futuro?>>; <<¿Dónde iré a estar dentro de diez mil años?>>. Las vigorizantes nuevas que el libro de Daniel nos trae, son que podemos ser parte de un reino que jamás será destruido.

Ser parte del reino de Dios es como ser parte de un ejército invencible, en el que no importa el tamaño ni la fortaleza del enemigo que va a ser enfrentado. Como ciudadanos del reino de Dios que somos, ni siquiera la idea de una derrota nos debería pasar por la cabeza. Ningún mañana invisible ni enemigo desconocido debería asustarnos ya más.

Se cuenta la anécdota de un famoso cazador que le estaba mostrando a un amigo su sala de trofeos. En las paredes había colgado, hasta llenarlas, las cabezas de los animales que había matado durante las expediciones de cacería que había realizado por todo el mundo. Luego, el amigo notó que, en un lugar muy destacado, en medio de la pared, colgaba la cola de un león montada en una base. El amigo preguntó: <<¿Por qué montaste en base la cola del león? ¿No te parece que la cabeza hubiera sido más bonita como pieza de exhibición?>>. El gran cazador tuvo que reconocer humildemente: <<Cuando encontré el león, ya alguien le había cortado la cabeza>>. ¡Es fácil cortarle la cola a un león al que ya otro le haya cortado la cabeza!

De igual modo, es más fácil vivir una vida victoriosa cuando se sabe que la victoria ya ha sido ganada.  El reino de los cielos jamás conocerá la derrota. Las profecías que se hicieron antes que se estableciera el reino, anunciaron su valentía y absoluta victoria venciendo al mundo. Por lo tanto, el cristiano, no actúa con el fin de obtener la victoria sino porque ya tiene la victoria. Vive lleno de certeza, porque sabe que la gran cabeza de león de la derrota ya ha sido cortada.  Ya leímos la última página del libro. El relato que cuenta la historia de la humanidad, guarda para los hijos de Dios, un final alrededor del trono de Dios en eterna celebración de la redención.


CONCLUSION.

¿Se percibe el cumplimiento de la profecía de Daniel, en las páginas del Nuevo Testamento? Echémosle una mirada a Hechos 2, para responder a esta pregunta.

Daniel dijo que el reino venidero sería establecido por el Señor, de modo que, su origen sería divino.  En Hechos 2, se relata que el Espíritu Santo fue derramado milagrosamente sobre los apóstoles, y que la era del evangelio fue inaugurada sobrenaturalmente con el comienzo de la iglesia. Jesús había indicado durante Su ministerio, que el reino vendría con el poder de la milagrosa impartición del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Marcos 9:1; Lucas 24: 46-49).

Marcos 9:1
También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.

Lucas 24: 46-49
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

La profecía dio a entender que el reino venidero sería establecido durante los días del imperio romano.  Los acontecimientos relatados en Hechos 2, encajan perfectamente en ese período, pues el imperio romano gobernaba al mundo durante el tiempo en que tales eventos ocurrieron.

Según Daniel, el reino venidero tendría un comienzo pequeño y crecería hasta convertirse en un poder a nivel mundial. La iglesia dio comienzo con tres mil convertidos según se relata en Hechos 2, y pronto creció hasta llegar a influenciar al mundo.

Daniel dijo que el reino venidero sería más poderosos que los reinos del mundo.  Jesús dijo del establecimiento de Su iglesia, que <<las puertas del Hades no prevalecerán contra ella>> (Mateo 16:18).

El Señor le reveló a Daniel que el reino venidero permanecería para siempre. Después de que la iglesia fue establecida, durante los acontecimientos relatados en Hechos 2, el resto de las páginas del Nuevo Testamento nos hablan de su crecimiento y vida permanente.

¿Se podrá dudar de que la profecía de Daniel se cumplió con el establecimiento de la iglesia según los acontecimientos relatados en Hechos 2? La iglesia es el reino eterno que Dios estableció.

Las ventajas de ser miembro de la Iglesia de Cristo, el reino eterno, son manifiestas. Los ciudadanos del reino de Dios son parte de lo que Dios está haciendo en el mundo. Estos ciudadanos viven victoriosos, porque el reino de Dios es más poderoso que los reinos de los hombres e incluso más poderoso que la muerte misma.  Los ciudadanos de este reino profetizado tienen un futuro eterno con Dios.  Viven confiados, seguros, y han entregado su vida a una obra que no perderá su brillo ni su color con el paso del tiempo.

Podemos entender el valor de formar parte del reino eterno, observando una competencia atlética en la que los equipos están bien equiparados. Estando el juego en su apogeo, nos ponemos nerviosos porque no sabemos si el equipo al que estamos vitoreando ganará. La tensión hace que nos mantengamos al borde de la silla durante todo el juego, porque no sabemos cómo terminará el juego. Puede que usted diga: <<Esto es lo que le da emoción al juego>>. Lo anterior es cierto cuando se trata de un juego; pero no cuando se trata de la vida. Pobre de la persona que desconoce el rumbo que tomará su vida. Si ha de ir por la vida sin saber si forma parte del equipo ganador, como consecuencia de ello se le arraigará en lo más profundo cierta desdicha, la cual nada podrá subsanar excepto el evangelio.  El cristiano sabe cómo terminará su vida en esta tierra: Siendo parte del reino eterno, vivirá para siempre con Dios en los cielos.

A la luz de lo anterior, no nos importará lo que perdamos por ser parte del reino eterno de Dios; y tampoco nos importará lo que ganemos por no ser parte de tal reino. Lo temporal cobra dimensión eterna, y los mortales se vuelven inmortales, cuando entran en el reino eterno de Dios. Jesús dijo: <<Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá>> (Juan 11:25). En el reino de Dios, ni siquiera la muerte biológica nos puede lastimar.  Pablo escribió: <<Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia>> (Filipenses 1:21).  La muerte es para el cristiano una transacción en la que sale ganando.  Para el santo, la muerte no es dolor, sino ganancia - bendición, y no un azote.

Si usted vive para esta vida solamente, se perderá esta vida y la venidera - se perderá las dos. Si usted vive para la vida venidera solamente, recibirá esta vida y la venidera - ¡recibirá las dos!.